La importancia de llamarse Ernesto

Imagen de Arturo

Acaban de destituir a Ernesto Valverde como entrenador del Villarreal C.F.

A mi no me extraña, no había más que haber visto el juego del equipo desde que empezó la pretemporada. Unos dirán que el vestuario manda mucho, otros que la directiva ha tenido poca paciencia, otros que si pretendemos estar siempre en Champions siendo de pueblo. Todos se equivocan porque esto no va de fútbol sino de imagen.

Porque con el añorado Manuel Pellegrini Ripamonti también hemos pasado rachas malas y largas, con un solo esquema de juego que no podía resolver los partidos en los que el rival nos jugaba a la medida. Para mi gusto era demasiado resultadista, pero sea como fuere, el se ha convertido en galáctico y nosotros tenemos el banquillo vacío.

Y digo que no va de fútbol porque la comparación es demoledora.

Antes teníamos a D. Manuel, ingeniero, alto, con un pelo como el de Richard Gere aunque un poco más largo, un tipo al que le sentaban de maravilla los trajes y la corbata, serio, en el banquillo se apoyaba en el techito y por eso le llamaban Polo de Bernabé -prócer decimonónico del pueblo y famosa estatua en plazuela-, pero no gesticulaba, ni corría por la banda y apenas chillaba. Le bastaba con una mirada.

Ingeniero y políglota -fue internacional chileno porque necesitaban a alguien que hablara inglés para una turné que iba ha hacer esa selección cuando era un mediocre jugador. Era D. Manuel, y nunca hablaba más de la cuenta ni mal de nadie. Para él todo había ido bien. Pero no te enfrentaras con él que ibas a perder, como le pasó al diosecillo Juan Román Riquelme.

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Lo cambiamos por Valverde, extremeño afincado en Vizcaya. Bajito, escuchimizado, con pocas dotes de orador. De los que siempre se están disculpando. El traje y la corbata le venían postizos, era más de vaqueros. Mejor futbolista pero dejó opiniones divididas en los clubs a los que entrenó.

Y nada de D. Ernesto, más bien el Chingurri (aunque se escriba con tx). Claro, no es lo mismo D. Manuel que el Chingurri y los jugadores que son unos sinvergüenzas pero internacionales algunos y millonarios alocados todos, se dieron cuenta enseguida y si no lo llegan a cesar, nos encontramos con la paradoja de tener al primer equipo en descenso y al segundo en ascenso. Paradoja que no sé como se hubiera podido resolver.

Y es que dado que el fútbol es caprichoso y voluble, interviene la suerte y el estado de ánimo, lo importante es cómo te llamas y como te sienta el traje. El resto es.... fútbol.