
Al principio la fotografía o la cinematografía era todo oficio. Cuando hubo muchos que dominaban el oficio hubo que diferenciarse y surgieron los artistas, que al oficio añadían originalidad. Y así fueron las cosas por mucho tiempo, la industria creaba aparatos de dos tipos, unos para los que conocían el oficio y otros, muy simples para los que no dominaban el oficio.
Pero las cosas terminaron por cambiar, la enésima revolución industrial tuvo que recurrir al señuelo del arte para vender más aparatos y los aparatos proliferaron, eran más baratos, más versátiles, más potentes y todo el mundo pudo ser fotógrafo o cineasta.
Y en vez de crecer el conocimiento del oficio, ocurrió que incluso los obligados a conocerlo, los que viven de esto, olvidaron el oficio o nunca lo aprendieron. Ya no era importante, donde el oficio no llegue, llegará el avance de la tecnología. Lo cual es una mentira como una casa y se puede comprobar todos los días en la televisión.
Ya os habréis dado cuenta de que cada vez es más frecuente ver entrevistas o intervenciones en televisión donde los personajes del primer plano están desenfocados y el fondo, a menudo irrelevante, está perfectamente a foco. Solo me cabe una explicación y es que muchas veces en el fondo se coloca la publicidad que es la que paga. Quizá esté ahí el origen de esta moda pero se ha extendido tanto que ya no importa lo que hay en el fondo. Haya lo que haya estará rigurosamente enfocado y los personajes, los locutores, reporteros o entrevistados estarán escandalosamente desenfocados.
Yo atribuyo esto a la falta de oficio. Si hay que tener un operador de cámara mileurista, quemado, joven y explotado, lo normal será que no tenga oficio y como a los que tenían oficio los prejubilaron o erechizaron convenientemente, no hay muchos que puedan enseñar a los jóvenes este oficio. En el supuesto de que los jóvenes se dejaran enseñar que esa es otra.
Hace unas semanas un amigo me pidió prestado equipo para fotografiar partidos de fútbol alevín. Yo le dejé la D2x y el 70-200 Vr. Le expliqué por encima el funcionamiento de la cámara y la dejé lo más automática posible. Ha subido las fotos a Picasa y de la selección que hizo de las casi 2000 fotos que disparó (descubrió la ráfaga enseguida) no hay ninguna buena y pocas pasables. Sencillamente, le falta oficio y solo dominando el oficio se puede pensar en el encuadre, el momento o la oportunidad. Y solo dominando esto último puede uno pensar en dar un paso más y hacer arte, aunque sea arte doméstico.
Sin embargo, es un comprador potencial de chismes y, al fin y al cabo, eso es lo que interesa.