
Estaba decidido a escribir algo sobre el terremoto de Haití, sobre como actuamos los que estamos en el primer mundo y como son los del tercer o cuarto mundo; pero lo he estado posponiendo por no ser injusto con unos o con otros al mostrar lo que me parece que pasa; injusto porque comentando aspectos puntuales caemos en la anécdota y la anécdota siempre es injusta.
Pero ya me he dado cuenta de donde está el problema de fondo, la raíz de las deficiencias y las imperfecciones en cualquier planteamiento que pretenda solucionar problemas del tercer mundo desde el primero. Y vale para los terremotos en Haití, para los secuestros en Mauritania y para cualquier ONG si dejamos aparte algunas de las que tienen origen religioso, aunque no todas.
El desajuste es que vemos los problemas del tercer mundo con los ojos, los criterios y los procedimientos del primer mundo. Por eso me llama a atención lo guapos que van todos los bomberos, los cooperantes o cualquiera que sale desde el primer mundo. Con el dinero que cuesta la ropa y el equipo que llevan, muchas veces fabricado para la ocasión, más el transporte de ellos y su equipo, convertido en agua potable, arroz hervido o pan y unas latas, por ejemplo, salvarían un montón de vidas.
Con lo que cuestan los camiones todoterreno, más el tiempo de los cooperantes en recorrer decenas de miles de quilómetros a media carga, se podría comprar en el mercado local lo que se necesite en cada momento. Y los aviones que vuelan cargados desde 10.000 km de distancia al precio que está el keroseno mientras los países del entorno, los que están a 2 o 3.000 km., ¿no tienen nada que aportar aunque paguen los más ricos?
Todos, menos los odiados americanos, tardan una eternidad en decidir. Van de uno en uno, se sacan una foto, evalúan la situación, organizan un observatorio, convocan una reunión de expertos, plantean presupuestos y cuando están listos ya han llegado tarde, aunque se apresuren al enviar ayuda sin pensar en como repartirla. Nadie tiene prisa cuando lo primordial es el tiempo.
Pero no, todo hay que hacerlo con los métodos burocráticos del primer mundo, con costes del primer mundo, con voluntarios del primer mundo, vestidos a la última del primer mundo y con todas las comodidades posibles del primer mundo. Y toda la buena voluntad de la buena gente sirve para poco; y todo el esfuerzo de la buena gente sirve para poco.
Bueno, sirve para que gobiernos y particulares adormezcan su mala conciencia. Porque Haití era un desastre antes del terremoto. Porque los bandidos del interior de Mauritania eran unos bandidos antes de secuestrar a los españoles. Porque Somalia es una calamidad antes del Alakrana. Porque Afganistán es un polvorín desde antes de la intervención internacional.
Y la prueba de que esto es un impulso momentáneo es que la semana que viene nadie se acordará de Haití, como apenas nos acordamos de Mauritania, o de Somalia. De Afganistan nos seguiremos acordando porque los talibanes están pesaditos. Porque siguen siendo noticia y cuanto más truculenta mejor y estoy seguro de que las cosas no son exactamente como las cuentan los medios porque hay contradicciones y entre las diferentes versiones se priman las más dramáticas que para eso los lugares en conflicto o desgracia son los escenarios de la noticia.
Y los que se queden allí, ayudando para que las cosas cambien de verdad, serán unos pocos, vestidos como los locales, con pocos medios, olvidados por casi todos, no serán noticia, como no lo eran antes del terremoto.
Se acabará la televisión y las conciencias se dormirán. Aunque siempre habrá tiempo de criticar a los americanos por llevar, a su costa, diez mil soldados, medios terrestres, aéreos y navales. Un barco hospital y comida y medicinas. Pero cuidado, que están ayudando sin mandato de las Naciones Unidas y eso les costará caro. Mejor nos esperamos a dentro de quince días, para que los vividores de la ONU hagan los papelitos que tengan que hacer y mandamos desde España un barco con 500 soldados que llegarán allí dentro de un mes, cuando probablemente sirvan para poco. Sí, mejor nos esperamos porque así será ayuda humanitaria y no una invasión en toda regla.
Y que los invasores se vayan pronto, que ya tenemos suspicacias. No se vayan a apoderar de la miseria, el caos y la corrupción. Que se vayan pronto y dejen Haití como estaba. ¡Por favor!