
Se trata de una novela de Eloy Moreno que recién acabo de empezar y tras las primeras 50 páginas la cosa promete. Más por la historia que por la belleza de la escritura que en los primeros compases me choca un poco.
El caso es que no lo traigo aquí por sus cualidades literarias, que apenas empiezo a descubrir; sino por otras razones.
Resulta que estaba ayer aburrido de tanto fútbol y decidí darle un descanso a los Tres tristes tigres que se me han atragantado desde hace meses y solamente los digiero a pequeños sorbos, y claro, se hace eterno e insoportable. La culpa no es de G. Cabrera Infante que lo borda, sino mía que no estoy para platos potentes.
Así que le pedí a Tere (mi consejera literaria y memoria auxiliar) que me buscara un libro por la casa. Al poco apareció con El bolígrafo de gel verde, unas tapas que recordaba haber visto en las manos de mi hija Mª Teresa. Nada más cogerlo, el libro se volvió sospechoso. Una maquetación poco profesional, una frase en la contraportada que dice, literalmente: "Esta novela no ha sido galardonada con ningún conocido premio -ni siquiera con uno desconocido-, no ha sido nombrada en la lista de los mejores libros del año y tampoco ha sido elogiada ni censurada por ningún crítico literario.". Remirando las primeras hojas llego a la conclusión de que es un libro autopublicado, impreso en Publidisa como hace Lulu o Bubok.
¿Y como ha llegado ese libro a mi casa? Lo compró Mª Teresa me contesta Tere. No lo entiendo, ¡con lo difícil que es promocionar y distribuir un libro autopublicado!
La respuesta está en http://www.elboligrafodegelverde.com, donde descubro que el autor debe ser o vivir en Castellón y se ha ocupado de llevar ejemplares a todas las librerías de Castellón y provincia. Incluida la de la UJI que es donde estudia (¿?) Mª Teresa.
Husmeando en esa web veo que ya ha vendido 400 ejemplares y ha impreso 300 más. Me parece una noticia notable y un triunfo de la autopublicación. Sigue fallando la promoción y la distribución, pero da una pista para aquellos que están en el negocio librero y espero que a alguien se le encienda alguna bombillita. Claro que siempre hará falta alguien que sepa maquetar, corregir y sobre todo orientar a los autores sobre sus obras y a los lectores sobre sus compras, y espero que suceda de una u otra forma.
Un poco de optimismo nunca viene mal.