La tortura china

Imagen de Arturo

Es harto conocido que una de las peores cosas que te puede pasar es que te inviten unos recién casados, o recién viajados, y te quieran enseñar el álbum de fotos de la boda, o del viaje. No hay nada más aburrido ni que ponga más a prueba una amistad de años.

La cosa se fue complicando con la aparición del vídeo -algo que no pasaba con los tomavistas de 8 mm. que duraban poco y eran llevaderos- y te dan unas palizas terribles ante el televisor para ver unos vídeos sin montar, con sus largas escenas de pies andando por aceras y la cámara cabeceando al mismo ritmo.

La revolución digital no ha hecho más que empeorar las cosas y los viajes acaban en miles y miles de fotos insulsas vistas en la pequeña pantalla de un ordenador con tu cabeza formando parte de un conjunto de cabezas apretadas. Lo menos que puedes hacer para corresponder al whisky que te estás bebiendo es prestar un poco de atención a las fotos y procurar no quedarte dormido.

Internet y la blogosfera también contribuyen al martirio. Ahora tus amigos ponen una foto al día en un blog gratuito, sin más texto ni más gracia y como son tus amigos te someten -y tu lo aceptas- a un continuo y rítmico goteo de fotos del mismo lugar. A mi me suena mucho a la gota de agua que dicen que los chinos van dejando caer sobre la frente de sus enemigos hasta que se les perfora el cráneo.

En ello estamos.